El desarrollo de la normativa en Europa y Estados Unidos ha normalizado la inversión cripto, a la que se dirigen nuevas categorías de inversores, y ha modificado el mismo ecosistema. El bitcoin, en parte víctima de su propio éxito, languidece sin la adrenalina que enganchaba a sus fanáticos. Pero la industria ha volcado sus esfuerzos en las criptodivisas estables. Estos símiles digitales del dinero estándar permiten a las plataformas cripto dar servicios muy similares a la banca en condiciones casi de igualdad. El mejor ejemplo de ello es la premura con la que las entidades tradicionales europeas exploran la creación de estos activos.
La mejor solución para lidiar con esta nueva tecnología no es fijarse en cómo presta sus servicios, sino en qué servicios presta
El desarrollo de la normativa en Europa y Estados Unidos ha normalizado la inversión cripto, a la que se dirigen nuevas categorías de inversores, y ha modificado el mismo ecosistema. El bitcoin, en parte víctima de su propio éxito, languidece sin la adrenalina que enganchaba a sus fanáticos. Pero la industria ha volcado sus esfuerzos en las criptodivisas estables. Estos símiles digitales del dinero estándar permiten a las plataformas cripto dar servicios muy similares a la banca en condiciones casi de igualdad. El mejor ejemplo de ello es la premura con la que las entidades tradicionales europeas exploran la creación de estos activos.
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