En la oscuridad, al despertar, enciendo el móvil y de él inesperadamente brotan imágenes que los subtítulos califican de “emocionante momento en el que un burro corre desde lejos para reencontrarse con su dueño”. Estupefacto, veo al burro avanzar en dirección al ojo de la cámara que a la vez es mi propio ojo, y por eso veo también cómo el burro está a punto de frotarme la nariz. ¿Pero será posible? ¿Es admisible que, a estas alturas y disponiendo de una sola vida, tenga que entrar en el nuevo día visionando los pasos de un burro?
“¡Pero qué mal anda el mundo!” es la queja que oigo a todas horas, comprensible si vemos que no hay un solo país de Occidente en el que los ignorantes no hayan sustituido a los ilustrados
En la oscuridad, al despertar, enciendo el móvil y de él inesperadamente brotan imágenes que los subtítulos califican de “emocionante momento en el que un burro corre desde lejos para reencontrarse con su dueño”. Estupefacto, veo al burro avanzar en dirección al ojo de la cámara que a la vez es mi propio ojo, y por eso veo también cómo el burro está a punto de frotarme la nariz. ¿Pero será posible? ¿Es admisible que, a estas alturas y disponiendo de una sola vida, tenga que entrar en el nuevo día visionando los pasos de un burro?
Feed MRSS-S Noticias

