Harvey Weinstein acertó allá por el año 2003 en lo económico; a cambio, destrozó lo artístico. El productor, actualmente en la cárcel por sus delitos sexuales, había pagado a través de Miramax la fiesta de Quentin Tarantino. Kill Bill era, a la vez, el intento del cineasta de recuperar a los fans que no habían entendido la madurez de su trabajo precedente (Jackie Brown) y un homenaje a sus miles de horas de ratón de videoclub, los templos audiovisuales en los que se había formado (y posteriormente incluso trabajado).
Llega a España, con secuencias añadidas y retoques y en una sola película, la venganza de La Novia, la coctelera de cine asiático y de series B y Z que el cineasta absorbió de su cultura de videoclubs
Harvey Weinstein acertó allá por el año 2003 en lo económico; a cambio, destrozó lo artístico. El productor, actualmente en la cárcel por sus delitos sexuales, había pagado a través de Miramax la fiesta de Quentin Tarantino. Kill Bill era, a la vez, el intento del cineasta de recuperar a los fans que no habían entendido la madurez de su trabajo precedente (Jackie Brown) y un homenaje a sus miles de horas de ratón de videoclub, los templos audiovisuales en los que se había formado (y posteriormente incluso trabajado).
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