Hace unos días, estuve releyendo algunas partes del magnífico libro Orden Mundial, de Henry Kissinger. Apenas hay que pasar las primeras páginas para ser conscientes de la grandeza de EE UU como nación líder del mundo, tras la Segunda Guerra Mundial. A pesar de todos los errores cometidos, y qué potencia mundial puede alardear de no haber tomado medidas erróneas a lo largo de su historia, el conjunto de valores, la calidad de sus instituciones, la amplitud de miras y el compromiso global con la defensa de las libertades individuales y colectivas, encarnan a la perfección a un estado nacido, en esencia, de los ideales de la Ilustración.
El país tan magníficamente descrito por Henry Kissinger en su libro Orden Mundial se corresponde poco con la nación actual
Hace unos días, estuve releyendo algunas partes del magnífico libro Orden Mundial, de Henry Kissinger. Apenas hay que pasar las primeras páginas para ser conscientes de la grandeza de EE UU como nación líder del mundo, tras la Segunda Guerra Mundial. A pesar de todos los errores cometidos, y qué potencia mundial puede alardear de no haber tomado medidas erróneas a lo largo de su historia, el conjunto de valores, la calidad de sus instituciones, la amplitud de miras y el compromiso global con la defensa de las libertades individuales y colectivas, encarnan a la perfección a un estado nacido, en esencia, de los ideales de la Ilustración.
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