El campo español enfila el fin de agosto exhausto tras encadenar un carrusel de golpes meteorológicos. Primero fueron las lluvias, después las heladas, luego el granizo y, más tarde, el calor extremo. En medio, también los incendios. Para agricultores y ganaderos, este año está siendo un ejercicio de supervivencia, pues apenas una explotación empieza a recuperarse de un susto, llega el siguiente. “La situación sitúa a nuestras explotaciones en una vulnerabilidad extrema. Esto ya no es una anomalía pasajera, sino una crisis estructural. Las condiciones para producir alimentos hoy son completamente distintas a las de nuestros padres o abuelos”, advierte Cristóbal Cano, secretario general de la asociación agraria UPA.
Con más de 1,2 millones de hectáreas dañadas en lo que va de año, las pérdidas obligan a los ganaderos a consumir en agosto las reservas de alimento previstas para el invierno
El campo español enfila el fin de agosto exhausto tras encadenar un carrusel de golpes meteorológicos. Primero fueron las lluvias, después las heladas, luego el granizo y, más tarde, el calor extremo. En medio, también los incendios. Para agricultores y ganaderos, este año está siendo un ejercicio de supervivencia, pues apenas una explotación empieza a recuperarse de un susto, llega el siguiente. “La situación sitúa a nuestras explotaciones en una vulnerabilidad extrema. Esto ya no es una anomalía pasajera, sino una crisis estructural. Las condiciones para producir alimentos hoy son completamente distintas a las de nuestros padres o abuelos”, advierte Cristóbal Cano, secretario general de la asociación agraria UPA.
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